Entrevista a Ángel Celada
Ángel Celada (Valencia,1972) desarrolla una pintura que se construye desde la inmediatez del gesto y la ausencia de un esquema previo. Su trabajo se articula como un proceso abierto, donde cada pieza se despliega a través de un equilibrio entre intuición y estructura.
Trabajas sin boceto previo y desde una aproximación muy directa. ¿Qué papel tiene la intuición en el inicio de cada pieza y cómo se transforma a medida que avanzas?
Guiarme por la intuición es un ejercicio de confianza en mi mundo interior, un salto al vacío emocional. A medida que la obra avanza entran en juego procesos más analíticos. No hago pinturas puramente gestuales o temperamentales. Diría que el papel de la intuición es clave en el inicio, aunque también permanece en las siguientes fases de la mano de decisiones más meditadas.
En tu trabajo, el proceso parece tener más peso que el resultado final. ¿En qué momento ese proceso deja de ser exploración y se convierte en construcción?
Hay un patrón que parece repetirse. La primera etapa es gestual y en las fases intermedias superpongo capas y las someto a un proceso de deconstrucción (despego, humedezco, presiono, rasgo, rayo, rebajo…), y por “descubrimiento”, dejo que la pintura y la sorpresa me hable y proponga el camino. Imagino que a partir de ahí, tras la tormenta, empiezo a “ordenar” y a componer.
Tu pintura combina un gesto muy primario con una dimensión conceptual muy presente. ¿Cómo conviven esas dos capas dentro de una misma obra?
Al final, la pintura habla de cómo somos, y creo que yo soy así, un mar de contradicciones, y me gusta el diálogo entre lo objetual y lo conceptual, entre lo primario y lo sublime.
Se ha hablado de tu trabajo como un “caos constructivo”. ¿Qué significa para ti construir desde lo inestable?
La búsqueda de la estabilidad para mí es una necesidad vital, un acto de supervivencia, y tiene que ver también con el tópico sobre lo terapéutico que tiene el arte.
Muchos títulos de tus obras remiten a ideas como “poética”, “discurso” o “estructura”. ¿Qué relación estableces entre pintura y lenguaje?
Cuando dejo que algunas letras descontextualizadas entren en las obras estoy tendiendo un puente que conecta la abstracción con lo cotidiano, que nos recuerda al leguaje o la figuración, que insinúa historias… También son un pretexto gráfico que crea un contrapunto formal sugerente. Mi imaginario también viene de los libros y la escritura, así que son cosas que suceden de forma orgánica. Aunque mi pintura suele ser abstracta, las letras le dan otra dimensión y la conectan sutilmente con el leguaje, con la poesía, con la filosofía…
A lo largo de tu trabajo aparecen ciertas constantes formales y conceptuales. ¿Cómo evitas que esa continuidad se convierta en repetición?
Es algo que no me preocupa, dejo que todo suceda. No me importa repetirme, y por suerte tengo curiosidad y me gusta probar y experimentar nuevas metodologías. También tiene su lado positivo si aparecen constantes, pues quiere decir que se ha ido consolidando un estilo, y ahí podemos hablar de madurez y coherencia.
Tus piezas parecen acumular decisiones, capas y correcciones. ¿Cómo interviene el tiempo en la construcción de cada pintura?
En mi obra hay un paralelismo con la vida como proceso, y eso tiene que ver con el tiempo como concepto. Las capas primarias gestuales, las reservas, las heridas, los palimpsestos, el proceso cada vez más meditado… estoy hablando de la propia vida, de la memoria, de las experiencias y del aprendizaje. No sé lo que me cuesta hacer las obras, las capas necesitan secar y respirar, así que cultivo la paciencia, o eso intento, y a veces las dejo meses o años descansar hasta que las retomo. Cuando estoy muy centrado y con “tiempo” en el estudio puedo ser muy prolífico y trabajo sin aliento. Me abstraigo y todo surge…
En esta etapa, ¿qué aspectos de tu trabajo sientes que están cambiando o desplazándose?
Sin pretenderlo mucho me he “profesionalizado”, y eso conlleva una serie de responsabilidades, cosa que no me asusta, pues sigo divirtiéndome y encontrando emociones puras. Si eso dejara de pasar, entonces activaría el Plan B, pero como no hago planes…
Una frase que resuma tu práctica.
Un diminuto instante inmenso en el vivir, después mirar la realidad y nada más (es de una canción de Silvio Rodriguez)
Para cerrar: libro, disco y película favorita.
Uf, ¿y humoristas no?, Faemino y Cansado.
Partiendo de que no tengo cosas favoritas:
Libro: Aunque no es una novela Las historias de cronopios y famas de Julio Cortázar por motivos largos de explicar, y los de mi hermano, Javier Celada, la primera novela es muy buena, El abrazo del puercoespín, pero la próxima, ya acabada (no podemos avanzar el título), que saldrá más adelante, y que será un melocotonazo, como diría el Fary.
Disco: Songs of Leonard Cohen, 1967, Leonard Cohen
Película: Amanece que no es poco (por supuesto, no en vano soy amanecista)